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30 de enero de 2010

W. A. MOZART, Dies Irae (Requiem) - Leonard Bernstein



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Mozart es… ¡Mozart! Nació en Salzburgo, Austria, en 1.756, y murió en la misma ciudad sólo 35 años más tarde, en 1.791. Es uno de los mayores genios de la música, tanto por la cantidad de sus obras como por su calidad. Sus piezas más conocidas son las óperas Las bodas de Fígaro y La Flauta Mágica, su Sinfonía 41, el Concierto para clarinete y orquesta (el de Memorias de África), la Misa Solemnis, la Pequeña Música nocturna (sol, re sol, re sol re sol si re… Qué facil, ¿no?), etc. Mozart, para algunos, acarrea fama de compositor de música fácil, simple y desenfadada. Esta impresión desaparece si se escuchan 60 segundos de alguna de sus misas (Vesperae solemnes de confessore) o del Réquiem. Pelos de punta garantizados.


La Misa de Réquiem en Re menor, K 626, nació en 1.791 de un encargo del Conde Franz von Walsegg. En él vio Mozart al mismo diablo, por la negativa a dar su nombre y la prisa con la que le demandó repetidas veces la pieza. Mozart, consumido por las fiebres y la desesperación de la pobreza, trabajó denodadamente en la música que creía le acompañaría en su último viaje. Murió antes de terminarlo, labor que concluyó con maestría, respeto y contención su alumno Süsmayer.

La Misa de Réquiem está conformada por el Introito, el Kyrie, la Sequentia (seis piezas), el Offertorium (dos), Santus, Benedictus, Agnus Deis y Communio. Todo ello transforma una misa de funeral en una experiencia inolvidable de intensa fe, temor de Dios y esperanza de redención. (ahí es nada).

La audición nos muestra el Dies Irae (Día de la Ira), una de las piezas de la Secuencia, dirigida por Leonard Bernstein. Para entrar en materia, adjunto el texto:

Dies irae, dies illa, solvet saeclum in favilla, teste David cum Sibylla. Quantus tremor est futurus quando iudex est venturuscuncta stricte discussurus!

Día de ira aquel día en que los siglos serán reducidos a cenizas, como profetizó David con la Sibila. Cuánto terror habrá en el futuro, cuando venga el Juez a exigirnos cuentas, rigurosamente!
A esto, ponedle un coro gritando, una orquesta tronando y una iglesia tétrica.

Mozart utiliza coro y solistas, una orquesta sombría (de sonido más grave que la habitual) y el uso de técnicas musicales antiguas: el contrapunto y estilo fugado barroco (la música sacra suele ser muy conservadora), la pregunta y respuesta furiosa entre los cantantes del coro, el contraste entre forte y piano, la interpretación agresiva de cuerdas y percusión. Y obtenemos tensión, miedo y esperanza: el Réquiem.

La instrumentación es la siguiente: diez violines primeros, ocho violines segundos, seis violas, cuatro violoncellos, dos contrabajos, dos corni di basseto (más oscuros que los clarinetes), dos fagotes, dos trompetas (el Juicio Final), tres trombones, un timbal (el Juez dicta sentencia) y el órgano (la música celestial).

00" en este dramático episodio escuchamos al coro reflejando la ira de Dios, mientras suenan las trompetas olímpicas, con las que Mozart muestra la grandeza del creador ante la angustia de los mortales. Continúa el coro agitado, mientras la orquesta rellena las largas figuras del coro con acentos de las cuerdas y trombones, y con golpes de timbal. A los 12" hay un breve interludio de los violines, que realizan una agitada progresión melódica descendente, para dar paso al Quantus tremor... A los 28" los violines, agitados, dan paso nuevamente al Dies Irae coral, respondiendo con tensión las trompetas y timbales
49”se reexpone también la 2ª sección coral. La pregunta respuesta, en forte, entre los bajos agresivos, que cantan figuraciones sincopadas, y las sopranos temerosas, crea una gran tensión. Al final, los violines, virulentos, protagonizan la cadencia instrumental con la que concluye el Dies Irae.

Mozart, paradójicamente, no tuvo música en su entierro. No tuvo ni siquiera una lápida, ni una fosa identificada con su nombre. Pero su Réquiem ha acompañado a personajes tan ilustres como Beethoven, Chopin y Napoleón. El genio, una vez más, encuentra el éxito post mortem.






Abadía en el robledal, Caspar David Friedrich (1.809)

4 comentarios:

  1. Me ha encantado ver dirigir a Berstein, era un genio! y tu también, y lo mío no es pasión de madre, aunque la tenga al lado...Maite

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  2. El Dies Irae otra vez... es redondo, no se le puede pedir más. Me gusta siempre, pero esta versión lo tiene todo, un director excepcional y un escenario a la medida. La Iglesia es preciosa. Gracias. Sigue buscando para nosotros y explicándonos que es lo que estamos viendo y oyendo.

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  3. Preciosa la obra de Händel, si supieran los futboleros lo q cantan!!! Otra cosa, has oido el Nesum de Alfredo Kraus? te quedas flipada!!!
    Muchas gracias x tu trabajo, es fantástico!

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¡Muchas gracias por comentar! ¡Hasta la próxima!

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